
Después de algunos episodios, se hizo evidente un patrón que la serie terminó adoptando. La trama tenía la tendencia de evitar los conflictos, esquivándolos hasta que pasaba suficiente tiempo y los espectadores dejaban de notarlos. No se arriesgaba a mostrar confrontaciones directas ni diálogos reales. Por ejemplo, el conflicto principal entre los personajes principales se fue retrasando y posponiendo hasta que, con el tiempo, todo se resolvió de forma repentina. No hubo conversaciones, confrontaciones, apuestas, tensión ni emociones genuinas. Esto también provocó que la serie llegara a su conclusión antes de lo esperado. Prácticamente finalizó en el episodio 37, incluso antes de terminarlo. Los episodios restantes fueron una experiencia desagradable, con diálogos vacíos entre los personajes secundarios, cargados de sentimentalismo exagerado y momentos incómodos. Tuve que verificar varias veces para convencerme de que algo había salido mal en la producción y que la serie hubiera terminado tomando este rumbo. Esta forma de trabajar es precisamente la que hace que actores y actrices con experiencia eviten los proyectos de telenovelas. Se podía sentir el malestar que algunos miembros del elenco debieron haber experimentado al tener que continuar con la serie a regañadientes. Solo hay que observar cómo se han convertido las telenovelas modernas.