El problema es sencillo: la escritura. Desde el principio, los guionistas no supieron presentar a los personajes de manera adecuada. No ofrecieron al espectador la oportunidad de conocerlos, ni siquiera en el más mínimo detalle, antes de pasar a otro personaje para presentarlo.
Y el problema persiste, ya que avanza demasiado rápido de una escena a otra, entregando la historia en fragmentos que no permiten al público familiarizarse con nada, dejándolo con una sensación de indiferencia.
El equipo de arte logró establecer el ambiente. Los actores hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían.
Pero la escritura y la dirección lo arruinaron.
