
Si hubiera aparecido en los años noventa, Tom Magnum habría sido un personaje paranoico, luchando contra las pesadillas que lo atormentarían eternamente tras perder la mitad de sus hombres en combate, o siendo el último superviviente de su pelotón.
Y si hubiera salido hoy, sería casi perfecto, sin luchas ni desarrollo de personaje. Estancado, aburrido, sin crecimiento alguno. Estaría siempre en lo cierto y cada episodio terminaría con una declaración política… como ocurre con el Magnum actual.

En cambio, fue escrito en los años ochenta, y es una especie de vividor, pero uno carismático. Lucha y supera, su relación con sus amigos crece y evoluciona, y lidia con Vietnam y los recuerdos del pasado de forma realista y funcional.
Es capaz de equivocarse y corregir sus errores. Es ligero y cómico, y carece de una agenda oculta. Y tiene amigos que lo seguirían ciegamente a una pelea en un bar, porque, bueno, eso es lo que hacen los amigos de verdad.

Esto hace que todo sea divertido y cercano, y hace que el programa sea más terrenal y realista de lo que habría sido en décadas posteriores. Y eso se multiplica cuando se trata de una historia que involucra un coche deportivo caro... el cual, para que sea creíble, no es suyo.
