La manera en que se manejaron las cosas fue bastante desordenada. Un triángulo amoroso desagradable se instaló en el centro de la trama, insistiendo en su presencia constantemente. Se forzó de manera evidente, eclipsando cualquier otro elemento. La calidad disminuyó a medida que avanzaba. El drama, como es habitual, se vio envuelto en intrigas palaciegas, pero era imposible involucrarse en algo porque la atención se centraba en las relaciones amorosas, lo que opacaba cualquier otra cosa que la trama intentara ofrecer. El ritmo siguió esa línea: momentos lentos que se prolongaban innecesariamente, pudiendo ser una historia breve. El drama no logró establecer una narrativa atractiva. Era como morder una galleta y descubrir que solo hay migas.
